Dicen que las mejores historias empiezan sin planearse… y la nuestra empezó con un simple “respuesta a historia” en Instagram. Sí, así de casual.
Corría el 2022 y Antonio se dedicaba a dejar algún comentario en mis stories… ¡hasta cuando me hacía las uñas! (Sí, así de insistente 😏). Pero pasaron casi dos años sin conocernos en persona.
En enero de 2024, yo estaba en Dubái por trabajo. Antonio, que se acababa de mudar allí, me invitó a cenar. Pero entre reuniones y compromisos no pude ir. En abril volví a Dubái, justo en su cumpleaños, y él lo celebraba en un yate con amigos. Yo, que no conocía a nadie y veía difícil “escaparme” de un yate, decliné nuevamente.
La tercera fue la vencida. Volvía de un viaje a Malasia y tenía una escala de 24 horas en Dubái. Antonio vio una historia mía y, ni corto ni perezoso, me escribió:
—“¿Quieres que te recoja en el aeropuerto?”
Yo, agotada y sin ganas de nada, dije que no. Entonces contraofertó:
—“Te recojo mañana para llevarte al aeropuerto… y cenamos antes.”
Y así fue. Nuestra primera cita empezó con él recogiéndome en el hotel, una cena llena de risas, conversaciones sobre nuestras vidas, sueños y metas… y esa sensación de que algo grande estaba empezando.
Desde entonces, no ha pasado un solo día sin que hablemos por horas. La conexión fue inmediata y el resto… bueno, el resto nos trae hasta aquí, ¡preparando nuestra boda!